¿Qué dicen tres médicos de la Iglesia acerca de vestirse modestamente?

CENTRAL NEWSROOM, 08 de agosto. 20 / 07:00 am (ACI).- Ya sea en la Misa o en la piscina, todos estamos llamados a vestirnos modestamente, de acuerdo a las circunstancias y de acuerdo a nuestro estado de vida, porque lo que usamos retrata a los demás lo que somos y lo que estamos haciendo.

La manera de evaluar el acto moral del vestirse, como en cualquier teología moral, es mirar el propio acto, la intención de la persona y las circunstancias que lo rodean. Por esta razón, compartimos las reflexiones sobre la virtud de la modestia vistiéndose como tres médicos de la Iglesia: San Tomás de Aquino, San Francisco de Sales y San Alfonso María de Liguori.

Santo Tomás Aquino

Santo Tomás Aquinos entendió que la modestia es parte de la virtud de la templanza (véase Suma Teológica, II-II, Q. 160), que es la virtud que nos ayuda a moderar nuestros deseos.

En este sentido, la templanza nos ayuda a no exceder nuestros deseos y a actuar de acuerdo con la razón. Por ejemplo, lo usamos para no comer en exceso o demasiado poco y para ayudarnos a ayunar en los días de ayuno y comer alimentos de celebración moderadamente en días festivos. La humildad es una especie de modestia interior: debemos ser honestos con nosotros mismos de que somos criaturas limitadas que necesitan a Dios.

Por lo tanto, cuando Santo Tomás Aquino habla de modestia en el vestido, explica que la honestidad se refleja en nuestra ropa, y que esto se aplica a hombres y mujeres, niños y niñas. Lo que usamos retrata algo a los demás acerca de quiénes somos y lo que estamos haciendo.

Del mismo modo, Santo Tomás cita a San Ambrosio, expresando que «el orato del cuerpo no es exagerado, sino natural; negligente simple preferiblemente a la captura de tiempo; no lleven túnicas y lejíaes preciosas, sino en ropa ordinaria, para no perderse nada que requiera honestidad o necesidad, sin caer en la exageración. Por lo tanto, puede haber virtud y adicción en el campo de la ropa».

San Francisco de Ventas

Este santo tiene una explicación similar cuando habla de elegancia en el vestido y enfatiza que mirar limpio y ordenado muestra respeto por sí mismo y por los demás:

«Mantén una limpia, Filotheia, y no permitas nada en la destrozada o desorganizada. Es un desprecio de las personas con las que uno vive caminando entre ellos con ropa que puede no gustarles; pero mantén tu tiempo con la vanidad y la afectación, curiosidades y modas frívolas. Observa las reglas de la simplicidad y la modestia, que son sin duda el adorno más preciado de la belleza y la mejor excusa de la phreadade» (Introducción a la vida devota, III.25).

El punto interesante aquí es que vestirse modestamente es tanto para hombres como para mujeres y debe enfatizar la belleza que Dios les ha dado. Si ponemos un marco hermoso en una foto artística o en una pintura increíble, cuanto más cuidado debemos tomar en la forma en que vestimos nuestros cuerpos que fueron dados por Dios.

Si la modestia es una forma de templanza, entonces la persona no está modestamente vestida cuando no se viste moderadamente. Santo Tomás explica que la falta de moderación al vestirse no se viste de acuerdo con las costumbres de nuestra sociedad y de acuerdo con nuestro estado de vida. (ST, II-II, p. 169, Art. 1).

San Francisco de Sales también habla de seguir las costumbres de nuestra cultura: es modesto vestirnos de moda y no hacer una demostración de nosotros mismos vistiendo de una manera que destaque.

Explica que «con respecto a la materia y la forma de los vestidos, la decencia sólo puede determinarse en relación con las circunstancias del tiempo, el tiempo, los estados o las vocaciones, la sociedad en la que uno vive y las ocasiones» (Introducción a la vida devota, III.25). Lo que usamos debe coincidir con lo que estamos haciendo.

Por ejemplo, no usaría botas de jardinería y jeans rellenos de barro para asistir a la Misa de Pascua, ni trabajaría en el jardín con mi vestido de Pascua. Debemos vestirnos con la ropa adecuada para saber dónde estamos y qué estamos haciendo, ya que hacerlo de otra manera sería vestirnos deshonestamente y, por lo tanto, ser indecentes.

Santo Tomás explica que también es inmodesto tener un apego excesivo a lo que llevamos, es decir, que la ropa que llevamos es más importante que lo que es realmente importante.

Por ejemplo, si gastamos más dinero en ropa de lo que deberíamos, nos estamos centrando excesivamente en la comodidad, independientemente de si son necesarias para la ocasión; así como pasamos mucho tiempo pensando y prestando atención a cómo nos vestimos y cómo nos vemos. Podríamos estar muy preocupados si nuestra ropa está de moda, o si, por el contrario, somos completamente perezosos en vestirnos.

 

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